¡Hola, familia de amantes de la gastronomía consciente y el planeta! Seguro que como yo, te has rendido a los encantos de los alimentos fermentados. Esa kombucha refrescante, el kimchi lleno de sabor, o el pan de masa madre que es puro amor, han conquistado nuestras mesas y nuestra salud.

Pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo podemos disfrutar de estas maravillas sin dejar huella en nuestro preciado entorno? Es un tema que me apasiona y que, sinceramente, ¡me tiene investigando sin parar!
En un mundo donde la sostenibilidad es cada vez más una prioridad, he descubierto que hay formas increíbles de producir nuestros fermentos favoritos de una manera mucho más amable con la Tierra.
Los métodos sostenibles no son solo una tendencia pasajera, sino el futuro de nuestra alimentación, y yo he estado explorando las últimas innovaciones que nos permiten comer delicioso y cuidar el hogar de todos.
Si te intriga cómo la tecnología y la tradición se unen para crear alimentos fermentados más verdes, ¡entonces estás en el lugar correcto! A continuación, vamos a desvelar todos los secretos y trucos para que seas un experto en producción sostenible.
¡No Tira Nada Aquí! La Revolución de Cero Residuos en Tus Fermentos
Aprovechando hasta la última pizca: ingredientes sin desperdicio
¡Hola, amigos! ¿Quién no ama esa sensación de ver cómo algo simple se transforma en una maravilla culinaria gracias a la fermentación? Pero, seamos honestos, a veces nos encontramos con restos que, por pereza o falta de ideas, terminan en la basura.
¡Y eso se acabó! Aquí, en mi cocina, la filosofía es “cero residuos”. ¿Sabías que las hojas exteriores de la col, esas que normalmente descartaríamos para hacer chucrut, son perfectas para fermentar solas y crear un encurtido crujiente y lleno de probióticos?
¡Es una delicia que descubrí por casualidad y que ahora es un fijo en mi nevera! O, piensa en los tallos de tus verduras favoritas; con un poco de salmuera y especias, ¡puedes convertirlos en unos pickles espectaculares!
Personalmente, cuando hago kimchi, guardo los corazones de la col china y los fermento con un poco de la salsa sobrante. El resultado es sorprendente y me hace sentir súper bien al saber que estoy honrando cada parte del alimento.
Es una cuestión de cambiar el chip y ver esos “descartes” como oportunidades. Además, al reducir lo que tiramos, no solo ayudamos al planeta, sino que también ahorramos dinero.
Es una victoria doble que, una vez que la experimentas, no quieres dejar atrás. Mis amigos siempre se sorprenden cuando les cuento que fermento la parte blanca de la sandía o incluso las pepitas de calabaza que, con un buen remojo y salado, se convierten en un snack increíblemente adictivo.
Envases reutilizables: un pequeño gesto, un gran impacto
Si eres como yo, tu despensa probablemente esté llena de tarros de cristal de todos los tamaños. Y es que son el aliado perfecto para la fermentación y para nuestra estrategia de cero residuos.
¡Olvídate de comprar plásticos de un solo uso! Mis ferments se sienten mucho más felices en un bonito tarro de vidrio que puedo lavar y reutilizar una y otra vez.
He comprobado que la clave está en tener una buena rotación y limpieza. Después de cada tanda de kombucha o kéfir de agua, mis botellas vacías pasan directamente por un buen lavado y esterilización, listas para la siguiente remesa.
Esto no solo es ecológico, sino que también es un ahorro a largo plazo considerable. Al principio, me costó un poco acumular una colección decente, pero ahora, cada vez que mis amigos o familiares terminan un frasco de algo, les pido que me lo guarden.
¡Ya soy la “coleccionista de tarros” oficial de mi grupo! Y no se trata solo de los tarros. Piensa en las tapas, en las herramientas.
Invertir en una buena esclusa de aire de cristal o un peso de fermentación de cerámica te durará años y evitará que compres alternativas de plástico que se deterioran rápidamente.
Mi experiencia me dice que la durabilidad y la sostenibilidad van de la mano; si algo es bueno, está hecho para durar, y eso es lo que busco en cada uno de mis utensilios fermentadores.
Es un placer ver mi cocina llena de recipientes reutilizables, cada uno con su historia y, lo mejor de todo, ¡sin contribuir a la montaña de desechos!
Con Sabor a Tierra: El Poder de los Ingredientes Locales y de Temporada
El secreto de un sabor auténtico: ¿por qué lo local manda?
¡Ay, la diferencia que hace un ingrediente local y de temporada! Como buena apasionada de los fermentos, siempre estoy buscando ese “algo más” que eleve mis creaciones, y te aseguro que no hay nada como usar productos que han sido cultivados cerca de casa y recolectados en su punto óptimo.
La frescura no es solo una palabra bonita, ¡se traduce directamente en sabor y calidad! Mis chucruts y kimchis nunca han sido tan vibrantes como desde que me surto en el mercado de agricultores de mi barrio.
Hablar directamente con quienes cultivan los alimentos te da una perspectiva totalmente nueva. Te enteras de las variedades, de cómo se han cuidado, y eso genera una conexión especial con lo que estás preparando.
Además, ¿has notado que los productos locales suelen tener más “vida”? Esto es fundamental para la fermentación, ya que tienen una mayor carga microbiana natural que facilita el proceso y enriquece el resultado final.
No es solo un tema de ecología, es un tema de pura gastronomía. Mis mejores partidas de kéfir de leche las he logrado con leche de una granja local, donde las vacas pastan libremente.
La textura, el sabor… ¡simplemente incomparables! Es como si el alimento mismo tuviera más alma. Al elegir local, no solo apoyo a mis vecinos y la economía de mi región, sino que también obtengo productos que son una explosión de vitalidad.
Temporada a temporada: variedad y sostenibilidad en tu mesa
Comprar lo que está de temporada es como abrir una caja de sorpresas culinarias cada pocos meses. Cada estación trae consigo sus propias joyas, y en el mundo de los fermentos, esto significa una oportunidad constante para experimentar y diversificar.
En primavera, me encanta fermentar espárragos o rábanos, capturando esa frescura y ligereza tan características. Cuando llega el verano, las frutas tropicales de nuestra zona se convierten en protagonistas de mis kombuchas y kéfires de agua, ofreciendo sabores exóticos y refrescantes.
El otoño es mi época favorita para las coles y las calabazas, creando chucruts y fermentos vegetales más robustos y reconfortantes. Y en invierno, ¡vuelvo a los cítricos y raíces!
Esta rotación natural no solo asegura que siempre estemos usando los productos en su mejor momento, sino que también reduce la huella de carbono asociada al transporte de alimentos de otras latitudes.
Personalmente, me he dado cuenta de que al planificar mis fermentos en torno a la estacionalidad, me vuelvo mucho más creativa. Me obliga a investigar nuevas recetas y a pensar fuera de la caja, lo que mantiene mi pasión por la fermentación siempre viva.
Además, mis fermentos saben más “auténticos”, como si estuvieran contando la historia de la tierra y el clima de ese momento. Es una forma de vivir la gastronomía que me conecta profundamente con la naturaleza y con el ciclo de la vida.
Fermentar sin Derrochar: Pequeños Trucos para un Gran Ahorro Energético
Cocina eficiente: minimizando el consumo de electricidad y gas
A veces pensamos que la fermentación es un proceso que consume mucha energía, pero la verdad es que, con algunos trucos, podemos reducir significativamente nuestra huella.
¡Yo soy la reina de los pequeños gestos que suman! Por ejemplo, si tienes que calentar algún líquido para una receta, como agua para tu kéfir o té para tu kombucha, asegúrate de calentar solo la cantidad necesaria.
Parece obvio, ¿verdad? Pero a menudo calentamos más de la cuenta por costumbre. Y un truco que aprendí de una abuela de mi pueblo es usar el calor residual.
Si enciendes el horno para algo más, aprovecha ese calor una vez apagado para secar hierbas o incluso para mantener una temperatura ligeramente cálida para activar una levadura madre o un starter.
Para mis fermentos que necesitan una temperatura estable, como el tempeh casero, he invertido en una manta térmica de bajo consumo. ¡Es una maravilla!
Me asegura la temperatura ideal sin disparar la factura de la luz. Además, intento agrupar las tareas de cocina que requieren energía. Si voy a usar el fogón para escaldar unas verduras, aprovecho y también caliento el agua para mi próxima tanda de kéfir de leche.
Pequeñas acciones como estas, que al principio pueden parecer insignificantes, se convierten en hábitos que marcan una gran diferencia en nuestro consumo energético y, créeme, en tu bolsillo.
La magia de la temperatura ambiente: aprovechando el entorno natural
Una de las cosas que más me fascinan de la fermentación es su capacidad para aprovechar la energía del entorno. Muchos de nuestros fermentos favoritos, como el chucrut, el kimchi, o incluso la masa madre, ¡se fermentan perfectamente a temperatura ambiente!
Esto significa que no necesitamos ningún aparato especial, simplemente un lugar fresco y oscuro en nuestra despensa o en la encimera de la cocina. He experimentado con esto durante años y he descubierto que cada rincón de mi casa tiene su propio microclima.
Por ejemplo, en verano, mis fermentos tardan menos en estar listos porque la temperatura es más alta, mientras que en invierno, el proceso es más lento y los sabores se desarrollan con más profundidad.
Es una danza con la naturaleza que me encanta observar. Para asegurar que mis fermentos estén felices, solo tengo que prestar atención a las variaciones estacionales.
A veces, si el invierno es muy crudo, utilizo una pequeña caja aislante o incluso coloco los tarros cerca de un rincón más cálido de la casa, pero sin luz directa.
La clave está en observar y confiar en el proceso natural. No hay necesidad de aparatos complejos; la sabiduría de la fermentación reside en la simplicidad y en el poder de la madre naturaleza.
Es un recordatorio de que a veces, lo más sostenible es simplemente dejar que las cosas fluyan.
El Oro Líquido: Gestión Inteligente del Agua en Nuestra Aventura Fermentadora
Optimización del uso del agua: un recurso que valoramos
El agua es, sin duda, el ingrediente más básico y esencial en la mayoría de nuestros fermentos. Desde la salmuera para los encurtidos hasta el medio de cultivo para el kéfir de agua o la kombucha, está presente en casi todo lo que hacemos.
Por eso, gestionarla de forma inteligente es crucial para una fermentación sostenible. Yo, personalmente, me he vuelto una obsesa con cada gota. ¿Sabías que el agua que utilizas para lavar tus verduras antes de fermentarlas no tiene por qué irse por el desagüe?
¡Claro que no! La recojo en un cubo y la uso para regar mis plantas o para el inodoro. Otro truco que me ha salvado mucho es no abrir el grifo a tope cuando estoy lavando mis utensilios.
Un chorro constante pero suave es más que suficiente para limpiar a fondo. Y hablando de limpieza, si utilizas un lavavajillas, espera a que esté completamente lleno para ponerlo en marcha.
Parece una tontería, pero el ahorro de agua y energía es considerable. Además, cuando hago salmueras, mido las cantidades con precisión para evitar preparar más de lo necesario, lo que significa menos desperdicio de agua y sal.
Me gusta pensar que cada vez que preparo un fermento, estoy siendo consciente de cada recurso, y el agua, ese “oro líquido”, merece toda nuestra atención y respeto.
Es una forma de honrar la naturaleza y asegurarnos de que estas prácticas sostenibles se conviertan en una parte intrínseca de nuestra rutina.
Filtrado y purificación: agua de calidad para fermentos de primera
La calidad del agua es un factor determinante en el éxito de nuestros fermentos, y a veces, el agua del grifo, especialmente si contiene cloro, puede inhibir la acción de los microorganismos beneficiosos.
¡Yo lo he vivido en carne propia! Al principio, mis kéfires no terminaban de cuajar bien y me di cuenta de que el cloro era el culpable. Por eso, he invertido en un buen filtro de agua para mi cocina.
No es necesario comprar sistemas carísimos; un filtro de jarra o uno que se acopla al grifo ya marca una gran diferencia. Además de eliminar el cloro y otras impurezas, mejora el sabor de nuestros fermentos, lo cual es un plus.
Otra opción, si no quieres invertir en un filtro, es simplemente dejar reposar el agua del grifo en un recipiente abierto durante al menos 24 horas. El cloro se evaporará de forma natural, dejando el agua lista para tus cultivos.
Mis kombuchas han mejorado muchísimo en sabor y efervescencia desde que soy más cuidadosa con el agua que uso. La pureza del agua no solo es importante para la salud de los fermentos, sino también para nuestra propia salud.
Es una pequeña inversión de tiempo o dinero que se traduce en resultados superiores y en una mayor tranquilidad al saber que estamos ofreciendo las mejores condiciones a nuestros pequeños amigos microbianos.
De “Sobras” a Tesoros: Cierra el Círculo con el Compostaje Doméstico

El valor del compost: nutriendo la tierra con tus residuos orgánicos
¿Qué hacemos con esos restos de verduras, las pieles de fruta o el poso del té que ya no usamos para la kombucha? ¡No los tiramos! Aquí, en mi casa, todo se transforma en abono valioso para mi pequeño huerto urbano o mis plantas de interior.
El compostaje doméstico es una de las prácticas más gratificantes que he incorporado a mi vida sostenible. No solo reduce drásticamente la cantidad de basura que generamos, sino que también nos permite devolver nutrientes a la tierra, cerrando un ciclo natural perfecto.
Al principio, me parecía un mundo, pero es increíblemente sencillo. Con un pequeño compostador de balcón o incluso una vermicompostera (¡mis lombrices son mis mejores amigas!), convierto esos restos orgánicos en un “oro negro” que revitaliza la tierra.
He notado cómo mis plantas crecen más fuertes y saludables, y todo gracias a los “desperdicios” de mi cocina. Es una forma tangible de ver el impacto positivo de nuestras acciones y de sentirnos más conectados con la naturaleza.
Mis hijos también se han involucrado, y para ellos es fascinante ver cómo las lombrices o los microorganismos transforman los restos en tierra fértil.
Es una lección de vida sobre el valor de cada elemento y la importancia de no malgastar.
| Práctica Sostenible | Beneficio Ambiental | Consejo Práctico |
|---|---|---|
| Uso de Ingredientes Locales y de Temporada | Menor huella de carbono, apoyo a la economía local. | Visita mercados de agricultores, planifica según la estación. |
| Reducción de Residuos Orgánicos | Disminución de desechos enviados a vertederos, producción de compost. | Composta restos, reutiliza partes no convencionales de vegetales. |
| Gestión Eficiente del Agua | Ahorro de un recurso vital, menor consumo de energía. | Recoge agua de lavado, usa filtros, mide cantidades. |
| Envases Reutilizables | Reducción de plásticos de un solo uso, ahorro a largo plazo. | Invierte en tarros de cristal duraderos, lava y esteriliza bien. |
| Ahorro Energético en Fermentación | Menor consumo de electricidad y gas. | Aprovecha temperatura ambiente, calor residual, usa equipos eficientes. |
Compostar es cuidar: cómo empezar tu propia aventura
Si aún no te has animado a compostar, ¡este es tu momento! Es mucho más fácil de lo que imaginas y los beneficios son enormes. Yo empecé con un cubo pequeño bajo el fregadero para ir recogiendo los restos orgánicos del día.
Luego, esos restos los llevo a mi compostador en el balcón. Es importante tener una buena mezcla de “verdes” (restos de comida, césped recién cortado) y “marrones” (hojas secas, cartón, ramas pequeñas) para que el proceso funcione correctamente.
También es crucial mantener un buen nivel de humedad y aireación, removiendo el compost de vez en cuando. Mis primeras veces fueron de prueba y error, pero con un poco de paciencia y observando cómo reaccionaba la mezcla, le cogí el truco enseguida.
Lo mejor de todo es que, al compostar, estoy devolviendo vida a la tierra de donde vinieron mis alimentos. Siento que estoy completando un ciclo natural y contribuyendo activamente a un planeta más sano.
Y no solo los restos de verduras o frutas; también puedes compostar bolsitas de té, posos de café y hasta las servilletas de papel usadas. Es una práctica que me llena de orgullo y que recomiendo a todo el mundo que quiera dar un paso más en su camino hacia la sostenibilidad.
¡Tu jardín (o tus macetas) te lo agradecerán infinitamente!
Adiós al Plástico: Eligiendo los Envases Perfectos para Tus Elixires Fermentados
Vidrio, cerámica y acero: los mejores amigos de tus fermentos
Cuando hablamos de fermentación sostenible, la elección del envase es fundamental. ¡Y no hay nada como el vidrio, la cerámica o el acero inoxidable para esta tarea!
Llevo años experimentando con diferentes materiales y, sinceramente, estos son los reyes. El vidrio, por ejemplo, es mi favorito personal. Es inerte, no interactúa con los alimentos, y me permite ver la magia del proceso de fermentación mientras ocurre.
Además, es increíblemente fácil de limpiar y esterilizar, y su durabilidad es impresionante. ¡Tengo tarros que me han acompañado en cientos de fermentos!
La cerámica, especialmente las ollas de fermentación tradicionales, también es una opción fantástica. Permite una respiración controlada y mantiene una temperatura estable, lo cual es ideal para chucruts y kimchis.
Y el acero inoxidable, aunque no lo uso tan a menudo para el proceso de fermentación en sí, es perfecto para herramientas, embudos o incluso para almacenar líquidos fermentados a corto plazo.
He aprendido que invertir en envases de buena calidad no solo es una decisión sostenible, sino también económica a largo plazo, ya que te evitas tener que reemplazarlos constantemente.
La sensación de tener una cocina llena de recipientes de materiales nobles, reutilizables y estéticamente agradables, es indescriptible. Es una muestra de respeto por la comida que preparamos y por el planeta.
Más allá de la estética: seguridad y durabilidad en tus recipientes
Elegir un buen envase para fermentar va mucho más allá de lo bonito que quede en la encimera, ¡aunque eso también ayuda! Se trata de seguridad y durabilidad, dos pilares de la sostenibilidad.
Un envase de baja calidad no solo podría romperse o deteriorarse rápidamente, lo que nos obligaría a comprar uno nuevo (generando más residuos), sino que también podría interactuar con nuestros fermentos, liberando sustancias no deseadas.
Por eso, siempre insisto en buscar vidrio de grado alimenticio, cerámica sin plomo o acero inoxidable de alta calidad. He tenido alguna experiencia un poco desastrosa con tarros de vidrio de baja calidad que se agrietaron bajo la presión de la fermentación, ¡un desastre!
Desde entonces, soy muy exigente. Otro punto importante es la tapa. Las tapas de plástico pueden ser convenientes, pero si no son de buena calidad, pueden dejar pasar aire o incluso desprender microplásticos.
Por eso, prefiero las tapas metálicas con un buen revestimiento apto para alimentos o, mejor aún, las esclusas de aire de cristal que permiten que los gases escapen sin dejar entrar oxígeno.
Cuando compras un buen recipiente, estás invirtiendo en la salud de tus fermentos, en tu propia salud y en la salud del planeta. Mis envases son como mis compañeros de viaje en esta aventura fermentadora, y me aseguro de que sean los mejores para el camino.
Más Allá de la Receta: Elige con Conciencia y Apoya la Sostenibilidad Local
La ética en el plato: ¿de dónde vienen tus ingredientes?
Siempre he dicho que fermentar es un acto de amor, no solo por la comida, sino por todo el proceso que la rodea. Y una parte fundamental de ese amor es saber de dónde vienen nuestros ingredientes.
La trazabilidad y la ética detrás de los productos que usamos marcan una diferencia abismal. He aprendido que apoyar a productores que siguen prácticas sostenibles, que cuidan la tierra y a sus trabajadores, es tan importante como la receta en sí.
Cuando compro mi miel para la kombucha o la leche para el kéfir, me tomo el tiempo de investigar y elegir a quienes sé que están haciendo las cosas bien.
Prefiero pagar un poco más si sé que estoy contribuyendo a un sistema alimentario justo y respetuoso. Por ejemplo, en mi zona hay pequeños productores de sal marina artesanal que no solo usan métodos tradicionales, sino que también cuidan el ecosistema costero.
Esa sal no solo es más rica en minerales, sino que tiene una historia detrás que me encanta contar cuando sirvo mis fermentos. Es una forma de votar con mi cartera por el tipo de mundo que quiero.
Cada elección consciente es un pequeño paso para construir un futuro alimentario más ético y sostenible, y como amantes de los fermentos, tenemos el poder de influir mucho.
Comunidad fermentadora: comparte, aprende y crece de forma sostenible
Una de las cosas más bonitas de mi viaje por el mundo de la fermentación es la comunidad. ¡Es increíble cómo nos conectamos! He conocido a personas maravillosas que comparten mi pasión por los fermentos y la sostenibilidad.
Intercambiar conocimientos, recetas, y sí, ¡hasta cultivos de kéfir o scobys de kombucha! es una forma fantástica de fomentar la sostenibilidad. Piensa en el ahorro de recursos cuando alguien te regala un starter en lugar de tener que comprarlo.
O cuando compartes tus excedentes de chucrut con un vecino. Es una red de apoyo mutuo que me parece una de las bases más sólidas de la vida sostenible.
Además, aprender de las experiencias de otros fermentadores locales me ha abierto los ojos a nuevas técnicas y formas de aprovechar al máximo cada ingrediente.
Organizamos pequeños talleres o encuentros donde cada uno trae un fermento y compartimos trucos y consejos. Es una manera de crecer juntos, de manera orgánica y respetuosa con el medio ambiente.
Me siento parte de algo más grande, de un movimiento que no solo busca comer mejor, sino vivir de una manera más consciente y conectada. ¡Así que no te guardes tus secretos!
Comparte tus éxitos y tus fracasos, porque en la comunidad fermentadora, cada historia es una oportunidad para aprender y seguir construyendo un futuro más sostenible.
글을 마치며
¡Uf! Qué recorrido más emocionante hemos hecho juntos por el mundo de la fermentación sostenible, ¿verdad? Para mí, cada tarro burbujeante es una pequeña revolución en mi cocina y en mi vida. Espero de corazón que estas ideas y trucos que he compartido contigo, basados en mi propia experiencia y en la pasión que siento por esto, te inspiren a dar un paso más en tu propio viaje fermentador y sostenible. Recuerda que cada pequeña acción cuenta, y que juntos, creando y compartiendo, estamos construyendo un futuro más sabroso y respetuoso con nuestro planeta. ¡Nos vemos en el próximo fermento!
알아두면 쓸모 있는 정보
1. Reutiliza con imaginación: Antes de tirar cualquier cosa, piensa si puede tener una segunda vida en tu cocina. Las cáscaras de huevo para minerales, los restos de verduras para caldos o fermentos secundarios… ¡la creatividad es el límite!
2. Apuesta por la temporada: No solo tus fermentos tendrán un sabor más auténtico y vibrante, sino que también apoyarás a los productores locales y reducirás la huella de carbono asociada al transporte de alimentos. Un buen lugar para empezar es tu mercado de barrio.
3. La calidad del agua importa: El cloro y otras impurezas pueden afectar a tus cultivos. Un filtro de agua sencillo o simplemente dejar reposar el agua durante unas horas puede marcar una gran diferencia en el éxito de tus fermentos.
4. Composta tus orgánicos: No hay mejor manera de cerrar el ciclo de vida de tus alimentos que devolver los restos orgánicos a la tierra. Empieza con un pequeño compostador y verás cómo tus plantas te lo agradecen con creces.
5. Comparte y aprende: Únete a comunidades de fermentadores locales o en línea. Intercambiar consejos, experiencias y hasta cultivos es una forma maravillosa de crecer, ahorrar recursos y fortalecer lazos.
중요 사항 정리
Para resumir, la fermentación sostenible es una filosofía de vida que va más allá de la cocina; es una forma de conectar con la naturaleza, con nuestra comunidad y con nosotros mismos. Hemos visto que cada elección consciente, desde aprovechar cada parte de un ingrediente hasta elegir envases reutilizables y optimizar el consumo de agua y energía, contribuye a un futuro más verde y delicioso. Recuerda que no necesitas ser un experto para empezar; cada pequeño paso hacia la reducción de residuos, el apoyo a lo local y el cuidado de los recursos es una victoria. La fermentación es una técnica ancestral con un enorme potencial para la sostenibilidad alimentaria, ayudando a reducir el desperdicio y a alargar la vida útil de los productos. Así que, ¡ánimo! Empieza hoy mismo tu aventura sostenible y verás cómo tu cocina se convierte en un laboratorio de sabores y sostenibilidad. ¡Tu paladar y el planeta te lo agradecerán!
Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖
P: ¿Qué significa realmente la “fermentación sostenible” y por qué es una conversación tan importante ahora mismo?
R: ¡Mi gente linda, esta es una pregunta que me encanta! Para mí, la fermentación sostenible va más allá de solo hacer kombucha o kimchi. Se trata de cómo lo hacemos, de ser conscientes en cada paso.
Imagina que es la forma más amable y respetuosa de crear esos probióticos que tanto amamos, pero pensando en el planeta: desde dónde vienen nuestros ingredientes hasta qué hacemos con los restos.
Cuando empecé en este maravilloso mundo de los fermentos, me di cuenta de la cantidad de frascos que usaba, la energía que gastaba para mantener ciertas temperaturas, y la procedencia de mis frutas y verduras.
Es una conversación crucial ahora mismo porque nuestro hogar, la Tierra, nos está pidiendo a gritos que la cuidemos. Al elegir métodos sostenibles, no solo reducimos nuestra huella de carbono, que ya es un beneficio enorme, sino que también apoyamos a nuestros productores locales, minimizamos el desperdicio de alimentos y, sinceramente, ¡creamos productos con una energía mucho más bonita y pura!
Para mí, es una forma de cocinar con propósito y con un inmenso amor por nuestro planeta.
P: Para los que fermentamos en casa, ¿cuáles son los trucos más efectivos para ser más amigables con el medio ambiente?
R: ¡Ah, esta es mi parte favorita! Como tú, yo también he pasado horas experimentando y “cacharreando” en mi cocina, y he descubierto que hay pequeños cambios que hacen una diferencia enorme.
Primero, y esto es casi una obviedad pero fundamental: ¡reutiliza y recicla hasta el infinito! Esos frascos de vidrio de pepinillos, mermelada o yogur son oro puro para tus fermentos.
Lavarlos bien y darles una nueva vida es un paso gigante. Te lo digo por experiencia, ¡mi despensa parece un museo de frascos reutilizados y me siento tan orgullosa!
Segundo, y esto lo he notado un montón en el sabor final, ¡opta por ingredientes locales y de temporada! No solo apoyas a nuestros agricultores de la zona (¡un aplauso para ellos, por favor!), sino que reduces la huella de transporte y, ¡sorpresa!, tus fermentos tendrán un sabor mucho más fresco, vibrante y auténtico.
¿Mi consejo personal? Visita los mercados de agricultores o la plaza de abastos de tu pueblo o ciudad, ¡es una experiencia maravillosa y siempre encuentras joyas inesperadas!
Y tercero, ¡di adiós al desperdicio de alimentos! Es increíble cómo podemos usar esas partes que normalmente descartaríamos. ¿Las hojas exteriores de la col para el kimchi o el chucrut?
¡Perfectas y llenas de sabor! ¿Los restos de fruta? ¡Kombucha de segunda fermentación, vinagres caseros o incluso fermentos para bebidas refrescantes!
He llegado a hacer unos vinagres de sidra de manzana con las pieles y los corazones que son una delicia que no te puedes ni imaginar. ¡A mí me ha cambiado la perspectiva de la cocina y de la vida totalmente!
P: ¿Cómo se están uniendo la innovación y la tradición para crear fermentos más “verdes” en el futuro?
R: ¡Qué buena pregunta! Esta es la parte que más me tiene emocionada porque veo un futuro absolutamente prometedor y lleno de posibilidades. Por un lado, la tradición nos enseña muchísimo, muchísimo.
Piensa en nuestros ancestros, que fermentaban por pura necesidad, usando lo que tenían a mano, sin grandes tecnologías ni artilugios. Esa sabiduría ancestral de usar levaduras salvajes del aire, de depender de la temperatura ambiente para procesos lentos y naturales, o de aprovechar cada parte de los alimentos, ¡es la base de todo!
He estado investigando cómo en algunas comunidades, incluso hoy, siguen usando métodos que apenas han cambiado en siglos, ¡y son increíblemente eficientes y sostenibles!
Por otro lado, la innovación está llegando para potenciar todo esto de maneras que antes ni soñábamos. Estamos viendo desarrollos increíbles en equipos de bajo consumo energético para controlar temperaturas de forma precisa, sistemas inteligentes para reciclar el agua utilizada en los procesos, o incluso técnicas avanzadas para transformar los “desechos” o subproductos de una fermentación en nuevos ingredientes valiosos.
Por ejemplo, he leído sobre empresas que están utilizando subproductos de la industria cervecera o vinícola para crear nuevos alimentos fermentados ricos en nutrientes.
¡Es una locura de buena idea! Es esa fusión, ese respeto profundo por lo antiguo y probado con la chispa de lo nuevo y lo tecnológico, lo que nos está llevando a fermentos no solo deliciosos y saludables, sino también increíblemente respetuosos con nuestro querido hogar, la Tierra.
¡Es verdaderamente inspirador ser parte de esta revolución!






